dilluns, 30 de març de 2015

Empezar de nuevo



Voz de Anna Jorba Ricart 
y fragmento de voz de Fernando Fernán Gomez 
de la película "En la ciudad sin limites"




Antes de partir cerró puertas y ventanas.
Ni ella, ni el sol ávido de colarse entre rendijas, volverían a esa casa.
Entornó la mirada. Respiró hondo. Liberó la rémora que perturbaba su calma. Enterró recuerdos bajo guardapolvos de sabanas solitarias ausentes de caricias.
Tenía que seguir para que otro destino coloreara nuevos despertares.
De regreso, por la carretera que bordea la costa, un haz de luz penetró en su mirada en el instante que una lagrima caía por su mejilla, hasta la comisura del labio que la detuvo esbozando una sonrisa de esperanza.
Sabía que debía iniciar un nuevo camino.


divendres, 27 de març de 2015

Y un día tal vez ya no se vuelve



Atravesaré la ciudad como cada mañana. Espero volver.

Una sale por la puerta de su casa y no sabe si regresará. Son cosas que no se piensan. La muerte ante la vida viaja por el mismo espacio, días y más días sin encontrarse, hasta que llega uno y te sorprende. Ese, sin previo aviso, desgarrador, deja sembrado un entorno de vacío y de silencios.

Cada mañana quiero salir sin dejar de darte un beso, sin dejar de decirte lo mucho que te quiero, y sin dejar de decirte que eres todo para mi, y sin dejar de decirte que mi motivo de existir, mi mediana felicidad impregnada de dolor, es soportable porque tú estás a mi lado.

Si una mañana sospechara que no he de volver, no me separaría de ti ni un milímetro, ni un segundo. Sería la continuación de ti que me acompañas en mis desvelos, en mis gozos, en mis sueños, en mis desvaríos. Siempre pensé  tatuarme en cada poro de tu piel para estar más dentro de ti.

Sin embargo la duda del destino, el azar en lo que acontece, no da pistas y siempre se aloja en la inmediata incógnita, hasta que te sorprende el momento del adiós más triste.

No podríamos vivir  sumidos en ese pensamiento. 

Un bebé, un niño, un adolescente, un joven, por ley de vida, se diría que está lejos de encontrarse con la implícita  muerte, sin embargo, hay razones y sinrazones, que les acercan a ella. Sin consuelo. Sin entendimiento.

Y muchos, aquel día salieron sin pensar. Y un loco desmedido pretendió hacer de su día, el día de esos muchos.

¡Qué tragedia! ¡Qué barbaridad !

diumenge, 15 de març de 2015

Cofradía del escribiente. Concursos literarios.Seudónimos


Hacía tiempo que tenía olvidada la sección del blog: Cofradía del escribiente.

A veces, se hace difícil decir lo que se piensa. A mi edad, ya no temo presiones de ningún tipo que puedan frenar mi impulso de opinar. Decir lo que pienso ha sido incomodo, también para aquellos que van de tolerantes hasta el día que los contradices, que entonces, desatan sus malicias, algunas hasta extremos de traición. Chaqueteros y chaqueteras con los que te topas, pero sin fuerza para hacerme renunciar a ejercer la libertad de expresarme.

En los últimos tiempos me he adentrado en el tema de concursos literarios y quiero dejar dos pinceladas al respecto.

Si te presentas a un concurso has de tener rigor para seguir las bases, de lo contrario los organizadores o el jurado van a descartar tu escrito.
No quiero entrar en cuestionar la honestidad del propio jurado, bueno, si, si voy a entrar, porque me consta que en algunos casos es interesado y corrupto, capaz de amañar resultados, de inventar datos, o de dar premios a quien ellos deciden. Me explico. El año pasado el concurso que convocó “Museo de la palabra”, dio el premio de 20000 dólares a un relato que resultó ser el plagio de un chiste, de ahí viene la sección de este blog “El plagio del chiste”, de humor, que me reporta sonrisas para compensar la indignación que en su momento me creó este asunto. Las bases se las saltaron a la torera, y aguanta el lance, porque entre miles de incautos que nos presentamos, al denunciarlo, obtuvimos por respuesta el silencio.
El silencio tan de moda y que tantos ejercen para parecer más dignos.

Otro asunto, te recomiendan a la hora de escribir un microrrelato que los adjetivos y los adverbios, los evites, es decir, cuantos menos mejor.
Y en un concurso en el que he participado, acabo de leer un micro clasificado como finalista, en el que este consejo se lo han pasado por el forro. Contabilizo, en cien palabras, catorce adjetivos y adverbios. ¿En qué quedamos?

Te recomiendan que cuantos menos personajes, mejor. Y hace unas semanas, una pandilla entera encadenada de personajes, al menos seis, constituía el cuerpo pequeño de un microrrelato ganador.
Hacen lo que les da la gana.
Los concursos son un tema, en si, complejo y enrevesado.
Yo soy aficionada a presentarme a ellos y ya se que nadie me obliga, pero me da para pensar.

Cuando presento textos escojo los trasparentes, traslúcidos, diáfanos, límpidos, claros y cristalinos. Son precisamente las propiedades que dicen que tendrían que tener los jurados. Y por eso comprendo que mis textos sean tan trasparentes como ellos, que pasan desapercibidos.
Empezaré a enviar los turbios, oscuros, opacos, nebulosos, velados, pactados, de amiguismos, tramados e interesados.

Hace unos meses, como tantas otras veces, envié uno, la sorpresa es que ha resultado ganador. Muy ilusionada me ha tenido. El caso es que, cansada de firmar con mi propio nombre, que debe de estar muy visto, lo envié bajo seudónimo, y ves por dónde, para una vez que suena la flauta...
Me han regalado un lote de libros y la edición de una antología gratis. Al menos esta vez, no he tenido que pagar por estar en un libro de antología con otros autores.
Esta es otra. Te presentas a un concurso, quedas finalista, la organización edita el libro y lo tienes que pagar, muchas veces caro, porque ¿quien renuncia siendo principiante a aparecer en una antología literaria? Muy pocos. He de decir que a esta convocatoria, nunca más me presentaré.

Somos testigos en los tiempos que corren que las informaciones pueden ser falsas. Falsos pueden ser los personajes que se escudan tras una pantalla. Falsos podemos ser tú y yo.
Me pregunto si alguien que está detrás de un seudónimo es falso. El seudónimo encubre a una persona tras un nombre que no es el suyo. Que el nombre sea falso, no tiene porqué serlo la persona que está detrás de él. Yo, utilizo no uno, sino varios y ...

A lo largo de la historia muchos escritores y periodistas han escrito bajo un seudónimo, Mariano José de Larra, Clarín, Neruda, Gabriela Mistral, Cortázar, etc. Puede ser interesante tener un “nom de plume", es decir un nombre ficticio de autor, sin otro fin que no sea sentirse libre en la expresión, sin menoscabo de la autenticidad personal de quien lo usa o sentirse bajo esa protección.
Me gusta el carácter secreto de un seudónimo. Debería de ser así en los certámenes literarios. Al menos puede que ayudara a la imparcialidad del jurado que, en muchas ocasiones, brilla por su ausencia. Hace poco JK Rowling sorprendió al mundo literario disfrazándose de hombre y publicando una novela policiaca. Quiso salir de la presión de ser la autora de las saga Harry Potter. Fue para ella, según manifestó, una experiencia liberadora.

Es perfectamente posible publicar bajo seudónimo sin perder por ello ningún derecho sobre la obra. La ley regula los casos en los que el autor utiliza un seudónimo. Pero no hay que olvidar que la manera más sencilla para acreditar la propiedad de una obra es inscribirla en el Registro de la Propiedad Intelectual. Y así te evitarás problemas.

Sea como fuere, como en tantas cosas en la vida, todo es teoría, pura teoría y a gusto del consumidor y a mi, me apetecía recordarlo.



dilluns, 9 de març de 2015

De nuevo mis macetas


Estas macetas

Podría proponer con ellas un juego de adivinanza, 
podría elaborar una disertación sobre la anatomía ósea del cuerpo humano, 
podría deciros que guardan relación con el diagnostico por la imagen 
y concretamente con una Tomografía Axial Computarizada es decir un TAC, 
y a con una Resonancia Magnética, 
podría deciros que la de la izquierda corresponde a la imagen de un grupo de vértebras dorsales 
y que la del medio corresponde a la imagen de un grupo de vértebras lumbares
 y que la de la derecha corresponde a la rodilla izquierda, 
 podría deciros que hay una fractura en cada uno de los maceteros.

Y os digo que estoy rota y fastidiada. 


dijous, 5 de març de 2015

Broncas

 2ª  Participación en Calendario Microcuentista mes de febrero

BRONCAS

Era verano y escapé de tu violencia. 
Tres estrellas eran mi guía: dejarlo correr, no verte más y cambiar de ciudad. 
Aquella noche, los grillos callaron.

Foto de Christian Pereira Rogel (alias Roko Flanders)

Ganadores y finalistas seguir este enlace 

dimecres, 4 de març de 2015

Sin regreso

( 1 ) Participación en Calendario  Microcuentista mes de febrero

SIN REGRESO

Con la penúltima copa, abrazado a la madrugada, desafié a la vida. 
Una ráfaga me deslumbró.


Foto de Christian Pereira Rogel (alias Roko Flanders)

Ganadores y finalistas seguir este enlace

dilluns, 2 de març de 2015

Los yayos del paseo

Dejé a mi madre tranquila en la habitación de su residencia y me fui a pasear hacia la Barceloneta. Necesitaba sentir la brisa del mar, dejar de pensar y relajarme, ahora que la situación de su salud, después de ocho meses, estaba más estable.

En un banco frente al paseo marítimo, me senté.
Al cabo de un rato se acercaron dos yayos, acompañados de una cuidadora, que se sentaron a mi lado.
Mi mente retornó a los pensamientos que revolotean respecto a la vejez, la dependencia, la calidad de vida de los ancianos, dada la circunstancia actual de mi entorno, pero sin embargo, la vestimenta peculiar de los viejecitos, es lo que más me llamó la atención.

El, con gafas cuyo grosor de cristales distorsionaba sus ojos, llevaba una gorra de visera roja, con una inscripción japonesa plateada en el frente. Colgada en bandolera una bolsa de flores moradas, pantalones de estampado militar, con múltiples bolsillos laterales, y sandalias con calcetines blancos.
Ella, llevaba un sombrero de paja con una cinta rojo pasión que le caía por los laterales de la cara y que atada bajo la barbilla le engordaba los mofletes. Vestía falda negra y jersey verde pistacho y una bata estampada de flores rosas. Calcetines color carne enseñando las rodillas y sandalias de plástico amarillo chillón. En la mano, una bolsa de supermercado.

De la bolsa, la cuidadora sacó un bocadillo para cada uno. Empezaron a comer troceando el pan a cachitos que se llevaban a la boca, casi sin dentadura.

Pensé que yo nunca hubiera vestido de esa guisa a mis abuelos, pero que eso no tenía ni la más mínima importancia. Se les veía felices en aquella mañana soleada de excursión por la ciudad, con comida picnic incluida. Como niños.
Me miraron sonrientes. También les sonreí.

Aquella tarde, a mi madre la disfrazaron de india en una fiesta de su residencia. Fue feliz.


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