dimarts, 1 d’agost de 2017

En Vilanova están de Festa Major

Mi madre era oriunda de Villanueva y La Geltrú, un pueblo del Mediterráneo, en la Costa del Garraf muy cerca de Barcelona.
Desde hacía unos años, en verano, pasábamos juntas unos días de descanso. Así veía a su familia, se bañaba en la playa de su juventud, y a pesar de que encontraba todo muy cambiado, "a peor", según decía, evocaba sus recuerdos y me transmitía su estimación.
La que yo siento también por Vilanova.
He vuelto a ir.
He caminado por el Paseo de Ribas Rojas, me he alojado en el mismo hotel, frente a la Torre Blava, he paseado por delante de la casa de la playa, la de los arcos, donde conoció a mi padre, por frente de la casa de su abuela, en Las Ramblas, donde actualmente en su lugar hay un Centro de Atención Sanitaria, he caminado cerca de la Casa del Amparo, el asilo, he recordado a Rosa Illa, a Rosa Margarit, las tatas que siempre me nombraba, la Masia Cabanyes, La Masien Samà...

En esta ocasión, con ella, mi madre, en el corazón, que es desde donde ahora nos hablamos.

En Vilanova estos días están de Fiesta Mayor y quiero compartir las imágenes del Auca de la Festa Major del año 1919, con sus cuarenta y ocho grabados, creada por Enric C Ricart, el padrino de mi madre, impulsor de que la fiesta se reestableciera allá por los años cuarenta.

Para ver con detalle el Auca de La festa Major ir a este enlace a mi otro blog:

Enric C: Ricart y la Festa Major de Vilanova y La Geltrú. Auca de 1919


diumenge, 16 de juliol de 2017

No estando tú, la materia no es nada.

Hoy hace dos meses.
No te olvido.

Ya todo ha terminado.
Desalojaron tu casa.
Ahora en ella habita el silencio, el vacío, porque yo sé que no estando tú, la materia no es nada.

Algunos muebles han acabado como un desecho en la calle, donde va a parar lo que no sirve, donde han de estar los trastos viejos que estorban. Lejos.
Y los otros, los que dicen que tienen más valor, sillerías isabelinas, espejos y lámparas centenarios, objetos de plata, obras de arte, vajillas antiguas… cualquier dia me los encontraré en el mercadillo de los Encantes, en la tienda del anticuario que se los ha llevado, a cambio de nada, “por hacernos un favor”.

Pero yo sé que no estando tú, esa materia no es nada.

En tu casa el tiempo se paró cuando dejaste el sofá color malva, la mesa camilla de faldas estampadas, el butacón con el almohadón hundido, al lado del teléfono, donde esperabas mi llamada cada tarde, en los jabones de lavanda que perfumaban tu ropa.
El tiempo se paró en tu dormitorio, donde sentirías muchas veces la soledad y el vacío añejo en el lado derecho de tu cama.
Se paró el tiempo en la libreta que dejaste con el punto de página que te bordé en tela de seda y bajo la funda de las gafas que ya no te servían para tus ojos cansados. Se quedó el tiempo quieto en los objetos más simples que sobrevivirán aún después de haberte ido para siempre, como el vaso de agua sobre la mesa que tal vez calmara tu sed en un último sorbo o las migas del pan que aquel día te alimentó.

Pero yo sé que no estando tú, esa materia no es nada.

Durante mucho tiempo conservé todo tal como tú lo dejaste.
Iba a tu casa, recogía el correo, sentía el olor de tus cosas,  y mi mirada se detenía en la caja de metal dorado de tu abuela con su nombre grabado: Aurora; en la máquina de coser con la que confeccionaste tantos sueños y tan poco reconocidos. Mi mirada se detenía en el mantel de encaje desencajado, regalo de una amiga que se fue antes que tú, y sobre tu tocador, veía las pulseras centelleantes y las perlas, el signo de tu coquetería que has mantenido hasta el final.
Miraba los espejos que se jubilaron con tu ausencia, porque ya no reflejaron nunca más tu silueta. Y los vestidos en tus armarios, tus zapatos, todas tus pertenencias que mantenías en delicado orden...
Ellos y yo, cuántas veces hemos llorado tu ausencia al intuir que no regresarías.

Pero yo sé que no estando tú, esa materia no es nada.

Tu casa está vacía.
Las paredes desnudas, tatuadas por los contornos de los cuadros como sombras de su existencia.
Todo inerte como tantas imágenes de fotos que llenaron tu vitrina, de aquellos que decían quererte y nunca lo demostraron cuando eras ya viejita.
Las bombillas penden de un hilo desarropadas sin el cobijo de sus mamparas. El salón en penumbra, como siempre, porque tus ojos de delicada mirada, no toleraban la luz exterior porque hacia aumentar tu ceguera.
Ante esas paredes huecas te llamo sabiendo que el eco de mi voz, reverberando en las  estancias vacías, llegará a donde tú estés.

Me asomo a la terraza por última vez y veo a la gente transitando ajena a la tristeza que me embarga, igual de ajenos que aquellos que necesitabas cerca en la soledad de tu vejez,  y solo te mostraron indiferencia y desapego.



Y ahora, mamá, tengo un montón de cosas que me has dejado en el lote de lo que llaman herencia. Demasiadas. Me reconforta el transistor que te ronroneaba por las noches al acostarte, las muñequitas antiguas de gorritos estampados y pompas de jabón en la bañera, el jarrón de tu abuela que quisiste tener contigo hasta el final, … eso que yo sé que no estando tú, es materia y no es nada, pero tengo, y me reconforta todavía más, un espacio profundo donde guardo tu mirada, tu sonrisa, tus recuerdos, tus ganas de verme, tus últimas caricias, el eco de tu voz cantando conmigo en las últimas horas del adiós, ese espacio profundo se llama corazón. En él guardo lo que nos hemos regalado en vida.

Eso que yo sé que no es materia y lo es todo.


divendres, 16 de juny de 2017

La muerte no es nada

Hoy hace un mes y cómo te encuentro a faltar...

Aurora Ricart Raldiris

Death Is Nothing at All – Poema de Henry Scott Holland

La muerte no es nada.
Solo me he escapado a la habitación de al lado.
No pasó nada.
Todo es como era.
Yo soy yo y tú eres tú.
Lo que hemos vivido sigue intacto, sin cambios.
Lo que fuimos la una para la otra, todavía lo somos.

Llámame por mi antiguo nombre familiar.
Háblame como siempre lo has hecho,
sin ninguna diferencia en el tono,
sin aire forzado de solemnidad o pena.

Ríe como siempre reíamos de las bromas que disfrutábamos juntas.
Juega, sonríe, piensa en mí, reza por mí.
Deja que mi nombre suene como la palabra familiar que fue, que se hable sin esfuerzo, sin el rastro de una sombra sobre ella.

La vida significa lo que siempre ha significado.
Es lo mismo de siempre.
Hay una continuidad absoluta e ininterrumpida.
¿Qué es esta muerte sino un accidente?
¿Por qué habría de estar fuera de tu mente solo porque estoy fuera de tu vista?

Te espero en algún lugar muy cercano, a la vuelta de la esquina.
Todo está bien.
Nada es pasado; nada se pierde.
Un breve momento y volverá a ser como antes.
¡Cómo nos reiremos de los problemas de separarnos cuando nos encontremos otra vez!

divendres, 28 d’abril de 2017

Intimidaciones




Siempre has hecho el grande. Eres pedante y fatuo, en todo. Has de sobresalir, destacar sobre los demás. Para los que como yo sabemos cómo las gastas, tu forma altiva de llamar la atención, ya está demodé, y no nos afecta.
Te has burlado de mí como te burlas de quienes son mejores que tú, y más, si hueles el éxito ajeno.
Vas a caer en picado.
A mí no me vas a encontrar. En estos años de convivencia que tú has pretendido hundirme, yo he tocado fondo, y he aprendido a nadar en las aguas más profundas.



Para los Viernes creativos

divendres, 21 d’abril de 2017

Donde se cuenta lo que le sucedió a don Quijote, yendo a ver su señora Dulcinea del Toboso




𝕰𝖓 𝖚𝖓 𝖑𝖚𝖌𝖆𝖗 𝖉𝖊 𝖑𝖆 𝕸𝖆𝖓𝖈𝖍𝖆...
—Bienvenido seáis Don Alfonso Quijano ¿Qué tal por los campos de Castilla?
¡Ufff! Quitaos por Dios la armadura que debajo de ese peto oléis a perro. Y acercaros después al corredor porticado que dispondré de un arrimadero para vuestro descanso, mientras, avisaré a los músicos que toquen la chirimía, el laúd y la vihuela para vos.

—¡Ay princesa y señora universal del Toboso! mi Dulcinea, si vos tuvierais las ganas mías de estrujaros, no sería menester quitarme la armadura, ni os atufaría la peste acumulada en el camino.Vuestra merced ha de saber que he atravesado un mar dorado de trigo, que he luchado contra aspas de veleros gigantes como molinos, que sentado en la albarda de Rocinante, perdí los estribos más de una vez y estoy deslomado. Vengo tan roto que, si no llega a ser por el morrión y el espaldar que me protegen, no hubiera podido llegar para veros.
Acérqueme por Dios señora, el botijo de agua, que vengo seco, con bota vacía desde Quintanar de la Orden.

__ He dicho, Don Alfonso, que os despojéis de la armadura. Hay agua en el aljibe, para beber y para asearos.

__ ¡Oh doncella exigente! ¡Agora me libre Dios del diablo! lo que vuestra merced mande con tal de faceros contenta si después podemos vernos, frente a frente, para fablar de las buenas nuevas que traigo para vos.

Leyendo el Quijote me doy cuenta que los tiempos no han cambiado nada. Cuando llego del taller, mugriento y sudado, mi mujer recoge mi mono como si estuviera apestado, no me mete a mí en la lavadora de puro milagro, pero me envía sin contemplaciones a la ducha…𝖘𝖎𝖓 𝖉𝖚𝖉𝖆 𝖆𝖑𝖌𝖚𝖓𝖆. 𝖁𝖆𝖑𝖊.
𝕱𝖎𝖓.


Para los viernes creativos

divendres, 7 d’abril de 2017

El eco de tu voz



Muchas tardes camino hasta el mirador desde donde diviso el pueblo. Subo por el sendero que bordea la montaña, entretenida con las formas caprichosas de las rocas, que en algún tramo parecen horadadas por el viento. Bajo la sombra de las encinas y entre acebos del sotobosque, siento el silencio, interrumpido a lo lejos por el rumor del agua que, en cascada, precipita su cauce. Sueño que vuelo alto como un águila, inventando piruetas con alas que arremolinan el aire, aire cálido, porque es aire enamorado. Grito tu nombre y espero el eco de tu respuesta. Entonces me parece oír tu voz cuando me dice que un día andaremos, por siempre juntos, nuestro camino hasta la cima.

Para los Viernes creativos

dissabte, 25 de març de 2017

La importancia del cinco. Video

LA IMPORTANCIA DEL CINCO


Aristóteles creía que el mundo estaba creado por cinco elementos: agua, tierra, aire, fuego, y éter o espíritu. Hay cinco continentes. Tenemos cinco sentidos. Cinco dedos útiles en las manos y cinco en los pies. Hay flores rosáceas con cinco pétalos. Estrellas de mar con cinco brazos. En la religión india del Sijismo hay cinco grandes vicios: lujuria, ira, avaricia, orgullo y egoísmo. El pentagrama es un lienzo de cinco líneas sobre el que se crean excelsas melodías. Una estrella de cinco puntas es un amuleto de buena suerte. El logotipo de los Juegos Olímpicos entrelaza cinco círculos. Las vocales son cinco. Incluso la palabra cinco tiene cinco letras. Y hablando de letras y palabras ayer fue la presentación de los libros de cinco escritores microrrelatistas: Elena Casero, Ana Vidal, David Vivancos, Víctor Lorenzo y Kike Parra.
Escuchar sus lecturas, y cambiar por unos instantes, la imagen virtual de cada uno de ellos por la imagen real para ser sellada con un beso o un abrazo. Hizo sentirme bien.
El agua intensa que caía sobre Barcelona y Barberá no impidió este acercamiento.
Y como dice el poema "Lluvia" de García Lorca: “La lluvia tiene un vago secreto de ternura, algo de soñolencia resignada y amable. Una música humilde se despierta con ella que hace vibrar el alma dormida del paisaje”.
Y no podía ser de otra manera.
Foto retocada cogida de la red. En La Microbiblioteca de Barberá del Vallés
Y el video con el relato que en su libro La luna de perigeo, me dedica Elena Casero, INCOMPRENSIÓN

divendres, 24 de març de 2017

Cuando los recuerdos se desvanecen

Las voces suaves mueren pero su música vibra aún en la memoria”. Percy Bysshe Shelley



Mis hijas yacen como sombras difuminadas en mi nebuloso pensamiento. Me duele el vacío de su ausencia. A veces creo que solo vivo de recuerdos:

La radio era el centro de nuestra atención.
Mis cuatro hijas bailaban al compás de la música de su emisora preferida; cantaban felices el anuncio de aquel negrito del África tropical del que se sabían toda la letra. Por las tardes, mientras yo cosía y escuchaba mi programa favorito, ellas hacían los deberes y se ayudaban unas a otras. Cuando llegaba su padre, todos callábamos a la hora en punto, para escuchar los boletines oficiales de las noticias de actualidad en Radio España de Barcelona.
La radio llenaba nuestra vida.
Hoy es lo único que me queda.
En mi mesilla de noche, antes de acostarme, giro el botón y sintonizo las emisoras. Las escucho. No las reconozco.
No encuentro a Elena Francis, ni a Ama Rosa con la voz melodiosa de Juana Ginzo, ni oigo a mis hijas cantar el anuncio del Cola Cao, ni los boletines que escuchaba mi marido…

— ¡Señora, señora! Apague la radio de una vez. Deje que le cambie el pañal y a dormir.

—¿Por qué me grita esta mujer vestida de blanco?





Para los viernes creativos

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