dissabte, 18 de febrer de 2017

Ahogado


Te has matriculado en mi gimnasio.
Al verte me han venido a la memoria aquellas vacaciones en la Costa Brava cuando éramos novios. Tenías miedo desmesurado al agua. Ambos sufrimos aquel desasosiego. Te duchabas poco, gastabas un montón de colonia y desodorantes con los que hacías tal mezcolanza, que al pasar dejabas una estela de olores indefinidos; en la playa, tanto que me gustaba a mi nadar y tú solo te mojabas los pies; los días de lluvia te sumías en una melancolía profunda, y no te digo nada cuando hacíamos el amor, bueno, bueno, te ahogabas en mi...

Te trató una psiquiatra. Empezó a citarte en su consulta al principio dos tardes por semana, después tres y después cada tarde. Vuestras sesiones de psicoanálisis llegaron a ser interminables. Decía que precisabas terapia intensiva y al final se casó contigo.

Hoy iniciaremos los ejercicios. Empezaremos por practicar aguagym en la piscina, que soy la monitora.
—¡Eh! ¿cómo? ¿qué? ¿en el agua?
—Ven conmigo, cariño, que ahora la terapia intensiva te la voy a dar yo debajo del agua.

Supuse que, con tantos años conviviendo con una profesional, ya tenía sus miedos superados.

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