dissabte, 21 de gener de 2017

...


Ojalá me leas algún día,
cuando deje de estar escondida
en la solapa del libro que no escribo.
(Anna Jorba Ricart)

Si. En la solapa hubieras llevado mi foto, en el lomo mi nombre y a buen recaudo, en cada renglón de tu cuerpo, mi pensamiento.
Desnudaba el alma en mis noches de insomnio con el suspiro anhelante de sueños a los que dar alcance. Quería verter sobre ti mis sentimientos. Lo mejor del proceso creativo era imaginar y sentir que éramos el uno para el otro.
Simbiosis perfecta.
Sé que hubiéramos estado juntos hasta que… bueno, esas cosas de la vida con su alternancia de tener un principio y un fin.
A partir de ahí, si hubiéramos tenido suerte, hubieras salido a la luz y con ella hubiera nacido una incógnita. No te rías, no, que hubo una época en que os lanzaban a la hoguera y además muchos han muerto de gélido olvido, que al caso es lo mismo. Lo versó Rosalía en aquellas palabras: “Aunque mi cuerpo se hiela, me imagino que me quemo; y es que el hielo algunas veces hace la impresión del fuego".
Deseaba que nacieras para ser acariciado por muchas manos, pero no encontré el camino que atravesara la línea del horizonte, para llevarte, más allá del sueño, hasta la realidad soñada. Y mira que lo intenté.
Se me ha hecho tarde.
No puedo seguir.
No voy a seguir.
No hilvano ni un renglón que no esté impregnado de rancio dolor. Y es lo que no quiero.
Cómo me hubiera gustado verte reposar en estantes de bibliotecas amigas.


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